EL POETA MORIBUNDO

Descripción de la publicación

7/4/20265 min read

El poeta no había muerto, sin embargo, tampoco ya vivía; sus días eran sordos, lejana había quedado la algarabía. Pensaba peces y mordía fantasmas, vestigios de romances, inermes eran las remembranzas de seductor perdido. Desperdició el amor igual a mimado niño, creyó que las mujeres eran manjares de durazno y lirio. No es que él fuese malo, sencillamente amaba más la independencia que a ramilletes de besos marchitados paulatinamente con opaca rutina. Vivió con hembras dóciles, brujas, ojerosas, caprichosas, hermosas, ebrias, esculturales, conflictivas, dulces, creativas y traicioneras. Bebió del cáliz orgásmico mordiendo el pan de los pechos. Tuvo banquetes floridos con cuerpos satisfechos y adoloridos. La pasión es canción, los poetas ignoran la renunciación. Sedujo a la rubia, a la trigueña, a la aguileña, a la mexicana, a la guerrerense, a la poblana, a la asiática, a la europea y a la africana; bailando con todas sensual jarana. Besó a la pulcra, escuchó a la mitómana, vistió a la desnuda, trató de enseñarle arte a la aburrida y muda. Paladeó mermelada de clavel, vino de rota espuma, cenó rodajas de luna buscando inútilmente la redención. Se convenció de que para desnudar a una mujer es necesario primero vestirla bien. A las hembras compróles ropa y perfumes en elegantes tiendas, pero al final de cuentas a todas les soltó las riendas. Se evaporó el romance, la tolerancia del poeta dependía de las facetas de la luna, jamás se entregó a alguna. Así que un día se marchó al desierto, dejó atrás a los humanos, quiso escuchar a las alondras y conversar con los gusanos. De pronto ante sí vio la inmensidad luminosa, preguntó si era dios, el diablo o una maga portentosa. El viento flameó en la tarde, el sol rodó cual moneda roja, el vendaval violaba hojas que caían abiertas cual diluvio de canoas. Si eres tú dios, quien causa la brisa, hace que el can ladre y no aconseja hablar tonterías a la comadre, responde rápido, pues mi vida es corta comparada con la tuya que absurdamente brota. Yo solamente soy descalzado poeta, no soy ingeniero, ni sacerdote vistiendo roída casulla, a mí la sonata ya no me arrulla. Contéstame dios, si en verdad existes, yo tendré miedo, de lo contrario confirmaré tu mitología, la cual a la gente les provoca adulterada alegría. Temo al silencio eterno sin clavo, candado ni envergadura, soy ignorante ante el infinito derramando sangre obscura. Contesta dios, si en verdad existes, pero no te daré morralla, ni abono a tu tarjeta de crédito, ignoro tu número de cuenta bancaria, no estás en el directorio, ¿ acaso eres milenario velorio ?, solamente un mito y esto sí lo grito.

1 ©Manuel Peñafiel

Mis labios están ampulados de aventura, he recorrido el orbe con paso torpe, carezco de religión, la iglesia tiene puerta absurda. Ignoro quién soy, si árabe, judío o mexica, tal vez simplemente soy un costal de rancia manteca. Mi mente bulle cual inmisericorde caldero, traumas se cuecen con paranoias en insolente revuelo. Aún desconozco que causa el efecto, si la falta de litio o serotonina, dolores de huesos, psique en desperfecto, no hallo mandrágora ni aspirina. Sin padre ni madre ni perro que me ladre, tanta libertad a muchos asustaría, pensamientos y deseos en fiera jauría mordiendo el crepúsculo donde el sol se agota, cuando mis sollozos entonan una canción rota. Desconozco que sucede dentro de mí, a veces es sed, otras es hambre, me pican avispas mentales de salvaje enjambre. Destapo el rojo vino de Francia, intento calmarme bebiendo frío vodka, pero en este pantano no existe fragancia, la adormidera deja amargo sabor en la boca. En la vacua sociedad no encajo, soy anfibio reptil y no ser humano, uraña bestia que manda a todos al carajo, en mi soledad de lumbre ardo ufano. En las reuniones me aburro bostezo escuchando las compras que han hecho alardeando el costoso precio, hablan de coches, sedas, hoteles y camisas ocultando su espíritu hecho harapos y trizas. He gozado a la morena, a la rubia y a la borracha, llevado al lecho a quinceañeras, ninfas y hadas. En amores y pieles he tenido una gran racha, pero todas huyeron por mis bruscas tarascadas. A ellas solía mimarlas, besarlas hasta saciarlas, peinarles el cabello, prenderlas de luces, acariciarles el pubis con plumas de avestruces, bañarlas en leche de luna, diciéndoles que como ellas ninguna. He saciado mi carne, la libido ya no arde, soy bastardo de eclipse recitando plegarias obscuras que al escucharlas harían mear a los curas. Convoco a los espíritus para que me traigan consuelo, pero mi poesía no es fiesta, solo árido duelo. En libros santos he buscado a los ángeles, solo he hallado fábulas de percudidos arcángeles. En silencio no escucho ideas impolutas, pero sí con el diablo platico en secreto vocablo, y él me manda los diarios con anuncios de prostitutas. A veces me pregunto si soy verdadero artista o barata corista bailando a pesar de la artritis. Desaires les he hecho a la sociedad con tisis. Soy ermitaño que no tiene dios, ovejas ni pastos, ignoro como rezarle a Yahvé, a Buda o a Isis. Para mí la esperanza decapitada ya está, fallaron Ghandi, Freud y Jesucristo, todo es humana tragedia, la cual Satán había previsto.

2 ©Manuel Peñafiel

3 ©Manuel Peñafiel

Hoy deambulo en odiosa caverna donde habita el nefasto monarca, el que ensucia niños y pervierte niñas, aquel que promueve envidias y riñas. Pero si en verdad uno de ustedes desea que alguien como yo vuelva a la vida, por favor abran un libro de fantasía o poesía, con cada palabra leída o soñada, ustedes pagarán rescate de un secuestrado poeta, tejiendo viento y ensoñación con mágica rueca.

Así el poeta habló sin hallar respuesta, preguntó: ¿ existes dios ?, y ningún sublime patriarca respondió. Las religiones son el eco de absurdas propuestas, la humanidad es álbum de rotas apuestas. Dios no existe, los evangelios son absurdos imaginarios, el antiguo testamento es racismo, guerra, esclavitud, misoginia y excremento, los predicadores carecen de válido argumento.

El poeta tomó la pluma dibujando un pentagrama donde apoyar sonetos para montar una obra con luminosos libretos. Escribe le aconsejó su propio criterio ya ves que sí existo, si dudas desaparezco, si creas yo no envejezco. Deja de hacer preguntas y vive la vida libre, tu existencia efímera es en este carnaval cósmico, el ser humano puede ser inmenso, sin embargo, se empeña en ser diminuto. Yo la imaginación soy, la deidad multicolor, así que dibújame hermosa empleando pinceles de alhelí, lapislazuli y carmesí, inicia todos tus días con agradecido frenesí. El dios de los hombres no vive en vetustos libros, ni en ceremonias tediosas, tampoco cinco veces rezando se llega al paraiso cabalgando. Si en verdad deseas llegar a mí, compone canciones, inventa medicinas, trabaja sin caer en absurdas rutinas. El poeta resucitó, había hablado con su propio dios, sencillo había sido, necesario era volar igual a canario amarillo, así es la mente pronto lo comprendió, por eso somos eternos, los pensamientos son veredas del león que rugió, somos hijos de una estrella que nos parió. La luz fue nuestra cuna, está en el sol y en la luna, ahí volveremos cuando ya no respiremos ni cantemos, esa es la meta, sentir, soñar, hacer, besar sin marchitarse en aislamiento de anacoreta. Luz tumulto de estrellas, cascada de nieves, arrullo en planetas, vientre del cosmos, luciérnagas vivas, espíritus libres, eso es lo que en realidad todos podemos ser.

© Manuel Peñafiel | Archivo "EL POETA MORIBUNDO"

©Manuel Peñafiel - Fotógrafo, Escritor y Documentalista Mexicano.

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